
Mientras se discute la vida o muerte de la industria del acero peruano, el presidente José Jerí parece tener una agenda muy distinta. Hace días, el mandatario fue captado por el programa Punto Final ingresando a un chifa en San Borja vestido con una capucha blanca para ocultar su identidad. ¿El motivo? Una reunión «extraoficial» con el empresario chino Zhihua Yang, gerente de varias compañías energéticas y cerámicas.
Aunque Palacio dice que solo hablaron del «Día de la Amistad Perú-China», el hecho de que el encuentro fuera en secreto y que el empresario esté vinculado a contrataciones de familiares del entorno presidencial deja un sabor amargo por la falta de transparencia.
Mientras el presidente José Jerí cena encapuchado con empresarios chinos, el Indecopi parece haber bajado la guardia al dejar sin efecto los derechos antidumping que protegían nuestro acero, dejando a miles de trabajadores de empresas como Aceros Arequipa a merced de una competencia desleal que vende por debajo del costo real.
Esto no es un hecho aislado. La industria textil en Gamarra se desangra ante la inundación de prendas chinas subvaluadas, mientras que en nuestro litoral, la «milicia marítima» del gigante asiático depreda la pota y el calamar gigante con total impunidad, golpeando nuestra soberanía. Quizás el mandatario cree que su 45% de aprobación es un cheque en blanco para hacer lo que quiera.
El Perú no puede permitirse autoridades que se tomen «todo su tiempo» para proteger la industria nacional mientras se reúnen a escondidas con los mismos que nos aplican el dumping. La industria del acero, textil y pesquera genera empleo digno, desarrollo tecnológico y nos da soberanía. Sin ellas, dependeremos totalmente de lo que decidan en Pekín.
Debemos exigir autoridades con la columna vertebral firme. No podemos elegir presidentes que se escondan bajo capuchas ni funcionarios que miren a otro lado mientras nuestra industria se quiebra. Las elecciones de este año son la oportunidad para poner a alguien que de verdad le ponga el cascabel al gato y defienda el motor de nuestra economía. ¡Inversión sí, pero con las cuentas claras y la cara descubierta!