
Mientras la mayoría de los peruanos nos esforzamos para llegar a fin de mes, el proceso electoral se ha convertido en un negocio redondo. El Estado repartió 80 millones de soles entre partidos políticos bajo el pretexto de la «franja electoral», un espacio que supuestamente sirve para conocer propuestas, pero que en realidad es el botín de la ONPE que todos salieron a cazar.
El escándalo de Nativa TV es solo la punta del iceberg. Que partidos como Primero La Gente y País para Todos direccionen cientos de miles de soles a canales vinculados a sus propios fundadores es el ejemplo perfecto de cómo usan tus impuestos para pagarle al «jefe». Si un candidato presidencial como Carlos Álvarez o Marisol Pérez Tello dice que «no sabía» en qué se gastaba la plata de su franja, ¿cómo pretenden cuidar el tesoro público de la Nación?
Pero el negocio no termina en la publicidad. El sistema está tan maleado que los partidos han dejado de ser instituciones políticas para volverse agencias de empleos. Hoy, las agrupaciones no buscan líderes, buscan financistas. Incluso, le cobran cupos a sus propios candidatos para permitirles postular al Senado o a la Cámara de Diputados. La política ya no es una vocación de servicio, es una transferencia de recursos donde el que tiene plata compra su espacio en la lista.
¿Cómo llegamos a este desmadre? El gran culpable tiene nombre y apellido: Martín Vizcarra. Con sus reformas del 2019, prometió una «democracia libre de corrupción» y lo que nos dejó fue una fragmentación absurda de 36 partidos en carrera, donde todos reciben millones de nuestros impuestos. Tampoco tenemos instituciones eficientes ni una ciudadanía empoderada, promesas del mismo “Lagarto”. En cambio, tenemos un sistema diseñado para que, incluso perdiendo la elección, los dueños de los partidos salgan ganando dinero.
Así, pasamos del orgullo a la vergüenza. Tenemos candidatos cuestionados por evasión, robos, corrupción e incluso violencia familiar, que, en el mejor de los casos, logran un voto de cada diez electores. Ninguno ha entendido que el cambio de ciclo no es una frase de campaña, sino una necesidad urgente de barrer con este mercantilismo político que nos ha convertido en una «Mercaelección».
Los partidos deberían autofinanciarse. No es justo que paguemos las fiestas de candidatos que solo buscan lucrar. Si hoy no saben (o no quieren saber) dónde terminan los millones de la franja, mañana no sabrán dónde están los millones de tus obras. El Perú no necesita mercaderes, necesita un verdadero cambio de ciclo de nuestras autoridades.


