CHANCAY: EL PUERTO CHINO QUE NO SE DEJA FISCALIZAR

En una decisión que debería encender todas las alarmas nacionales, el Primer Juzgado Especializado en lo Constitucional de Lima ha determinado que el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (OSITRAN) no podrá fiscalizar el megapuerto de Chancay. Bajo este fallo, la empresa Cosco Shipping, controlada por el Estado comunista chino, operaría en un vacío de regulación económica, decidiendo bajo sus propios términos quién entra, quién sale y cuánto se cobra.

La presidenta de OSITRAN, ha sido clara en mencionar que la misión del organismo es evitar abusos de posición monopólica y corregir fallas de mercado. Sin supervisión, el megapuerto de Chancay corre el riesgo de repetir los esquemas de competencia desleal que ya hemos sufrido en otras industrias.

Históricamente, el ingreso sin filtros de capitales chinos ha golpeado la industria nacional del acero y los textiles, utilizando precios predatorios que terminan destruyendo al empresario peruano. Si OSITRAN no regula las tarifas y el acceso comercial, el puerto se convierte en un enclave privado donde el Perú pierde su capacidad de arbitraje.

Mientras el puerto celebra su «autonomía» judicial, la realidad en las calles de Chancay es otra. Al cierre de 2025, el megapuerto registró una recaudación aduanera superior a los S/ 1,037 millones, una cifra récord. Sin embargo, el alcalde de Chancay, Juan Álvarez, ha denunciado con amargura que ese holgado ingreso no se refleja en nada en la ciudad.

Es el viejo cuento de la bonanza que pasa por delante de los ojos del pueblo pero no se queda. Así, Chancay sigue esperando agua, saneamiento y obras que compensen el impacto ambiental y social. Si ni siquiera podemos fiscalizar comercialmente el puerto, ¿qué herramientas tenemos para exigir que la riqueza que genera ayude a cerrar las brechas de pobreza extrema en la región?

Un megapuerto de esta magnitud debe regirse bajo las normas del Perú, no bajo los caprichos de un directorio extranjero. Si el Perú permite que se bloquee a OSITRAN, estará enviando el mensaje de que nuestra soberanía tiene precio y que cualquier potencia puede venir a poner sus propias reglas de juego.

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