
Si nos ponemos a pensar en las elecciones, y basándonos en la última encuesta de Ipsos, Rafael López Aliaga va primero con 10%. Esto significa que solo 10 de cada 100 peruanos piensan votar por él, y de ahí hacia abajo las cifras solo empeoran.
¿Por qué sucede esto? Porque los ciudadanos se han dado cuenta que ninguno de los candidatos ha entendido lo que quiere el país. No han entendido que los peruanos queremos una nueva forma de hacer política. Que no queremos más polarización, ni que los políticos sigan peleando pequeñas batallas entre ellos, en vez de dar las grandes batallas para cambiar el país.
Por un lado tenemos a más de lo mismo, y luego un pelotón de izquierda caviar radical, que es mucho peor.
Mientras el 80% de los peruanos clama por un cambio total en la política, este «pelotón caviar» nos quiere mantener encadenados:
- López Chau (4%): El izquierdista extremo camuflado por la caviarada.
- César Acuña (4%): El dueño de la billetera inagotable y de la ambición desmedida.
- Mario Vizcarra (2%): El candidato de la familia corrupta de la política.
- Carlos Álvarez (3%): El candidato que no termina de aterrizar una propuesta seria.
¿Dónde está el peligro de todo esto? En que repitamos el error del 2021 y terminen pasando a segunda vuelta dos candidatos en los que nadie cree. Eso nos dejaría con un presidente sin apoyo, sin autoridad ni legitimidad.
Si permitimos que gane cualquiera de ese “pelotón caviar”, lo único que seguiremos viviendo es la misma realidad de siempre. Una burocracia enemiga, ese Estado que te ahoga, y que la corrupción que ya existe, siga creciendo junto al control total sobre la justicia y los medios. Es la receta perfecta para que el país siga amarrado a los mismos que nos tienen estancados.
Los peruanos simplemente han detectado que este pelotón representa el pasado maquillado. El Perú no necesita «pelotones» de candidatos populistas que solo buscan mantener las cosas como están, proteger sus intereses y llenarse sus bolsillos. El cambio que necesitamos exige líderes que inicien un nuevo ciclo de orden, libertad, desarrollo prosperidad, bienestar general y seguridad. Seguir apostando por los mismos de siempre es condenar al país a otros cinco años de parálisis y mediocridad.


