LIMA SIENTE PREOCUPACIÓN POR LO QUE SE VIENE

Hay una sensación que recorre Lima en estas semanas y que es difícil de ignorar. No es pánico. No es histeria. Es la preocupación concreta de millones de personas que tienen un negocio, un trabajo, una familia que sostener y que miran el resultado electoral con una pregunta en la cabeza: ¿qué podría pasar si gana el modelo equivocado?

Es una pregunta legítima. Y tiene respuestas concretas en países concretos.

Cuando el Estado decide ser el dueño de todo, el primero que pierde es el que tiene su propio negocio. El bodeguero que ya no puede comprar mercadería porque los precios se dispararon. El taxista que no puede renovar su auto porque el crédito desapareció. El dueño de la pequeña empresa que de repente tiene que lidiar con regulaciones imposibles diseñadas no para ordenar, sino para controlar.

Lima tiene más de diez millones de personas. La mayoría trabaja, emprende, y busca un futuro. No depende del Estado para vivir, depende de sí misma. Y esa independencia es exactamente lo que un gobierno populista de izquierda destruye para que la gente los necesite.

La incertidumbre que se siente hoy en Lima no es irracional. Es la lectura correcta de lo que está en juego. Preocuparse es inteligente, y votar bien en segunda vuelta es la respuesta.

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