El Perú observa un nuevo capítulo de su decadencia política. Antauro Humala, el exmilitar que pasó 17 años tras las rejas por el asesinato de policías en el «Andahuaylazo», ha oficializado su unión con Pedro Castillo, el expresidente golpista que hoy cumple una condena de más de 11 años por intentar quebrar el orden constitucional.

Esta coalición, bautizada cínicamente como «Juntos Con el Pueblo», no es más que el refugio de personajes que han despreciado la ley y la vida humana. Es un escupo en la cara de los peruanos que alguien que se levantó en armas y otro que intentó un autogolpe pretendan hoy «refundar» el país desde el Senado.

Por un lado Pedro Castillo es un conspirador sentenciado, que intentó disolver el Congreso e intervenir la justicia de manera inconstitucional. Su aventura golpista terminó con su arresto, y el Poder Judicial lo sentenció a 11 años y 5 meses de prisión por el delito de conspiración para la rebelión.

Castillo no solo debe millones en reparación civil, sino que ha sido inhabilitado por 10 años para ejercer cualquier cargo público. Sin embargo, desde su celda en Barbadillo, sigue moviendo los hilos de esta izquierda radical que ahora abraza el etnocacerismo violento de Antauro.

Por su parte, Antauro Humala representa la cara más violenta del nacionalismo radical. Al igual que Castillo, su desprecio por la democracia es total. Cumplió su pena por el «Andahuaylazo» (2005), donde cuatro policías fueron asesinados bajo sus órdenes. Además, su partido original fue ilegalizado por el Poder Judicial al determinar que promueve un pensamiento violento, antidemocrático y de odio.

Al verse fuera de juego, Humala aplica su «Plan B». Usar la inscripción de Juntos por el Perú para colarse en el Senado, aprovechando que el sistema electoral peruano aún permite que personajes con este historial de sangre y traición sigan participando en la vida pública.

El Perú no puede permitir que su futuro se decida entre rejas o bajo la amenaza de fusiles. La alianza entre un conspirador golpista y un homicida rebelde es la mayor amenaza que enfrenta nuestra paz social y libertad.

Este 2026, la respuesta de los peruanos debe ser contundente. Necesitamos elegir a personas honestas, preparadas y con un compromiso real con la democracia libre. Debemos eliminar de una vez por todas a esta izquierda radical que solo busca capturar el Estado para salvarse de sus sentencias y seguir aprovechándose de todos los peruanos. ¡Ni golpistas ni asesinos! El Perú merece dignidad y paz.

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