
En vísperas de recibir el 2026, hay un deseo que flota en el aire y que no se soluciona con cábalas de Año Nuevo: el hambre de orden, desarrollo y respeto. Más allá de las metas personales, los peruanos compartimos un sueño que este sistema político nos ha robado sistemáticamente.
Los padres no solo quieren que sus hijos aprueben el año, sueñan con que el colegio sea un lugar seguro y no una trampa de infraestructura a punto de colapsar. Sueñan con una educación que les dé herramientas para competir en el mundo real, lejos de adoctrinamientos ideológicos que solo buscan fabricar resentidos en lugar de profesionales libres.
El desarrollo de nuestra crisis nos ha dejado lecciones claras. Los jóvenes ya no quieren que su única opción de éxito sea el Aeropuerto Jorge Chávez, sino que quieren prosperar aquí, en su tierra. Pero para eso, necesitamos dejar de ver al Estado como un guardián que nos persigue.
Es hora de decir las cosas como son. Más del 80% de los peruanos somos informales porque el Estado enemigo nos ha puesto una pared de trámites y costos impagables. Somos emprendedores valientes a los que el político de turno llaman «informales» mientras ellos viven de los impuestos que nosotros sí pagamos. Ese ciclo donde el trabajador honesto vive con miedo y el delincuente o el corrupto caminan libres tiene que terminar. La justicia no puede seguir siendo el garrote de mafias que persiguen enemigos políticos mientras el crimen organizado se adueña de nuestras calles.
Llegamos a este cierre de año con una oportunidad real de hacer una limpieza profunda. No podemos seguir cayendo en las mentiras de los charlatanes que se burlan del ciudadano con bailes y promesas populistas, pero que esconden sentencias y denuncias por corrupción bajo camisetas nuevas.
El cambio de ciclo que exigimos no es un maquillaje, es una cirugía mayor. Necesitamos autoridades que entiendan que ellos son nuestros empleados y que su única labor es garantizar orden, seguridad y libertad para que nosotros hagamos el resto.
Este 2026, el mejor deseo que podemos pedir es el de la claridad electoral. Para que nuestros sueños dejen de ser solo deseos de medianoche y se conviertan en realidad, tenemos que ser implacables con quienes nos han robado la esperanza en los últimos 25 años. El cambio no va a caer del cielo, sino que lo vamos a construir nosotros barriendo a los parásitos estatales en las urnas. Que este año que recién comienza sea el inicio del fin para las mafias y el despertar de un Perú próspero y libre.