EL FESTIVAL DE LAS PROMESAS

Falta muy poco para el 12 de abril y ningún candidato supera el 10% de intención de voto. Ninguno. Por una razón muy simple. Tenemos 35 candidatos presidenciales, y todos se dedican a prometer a un país que viene escuchando promesas hace 26 años y que nunca se cumplieron. Un Perú que no confía en ninguna de las candidaturas.

Todos prometieron acabar con la corrupción. ¿Y? Todos prometieron mano dura contra el crimen. ¿Y? Todos prometieron mejores hospitales y colegios. ¿Y? Todos prometieron apoyar al emprendedor y a las pymes. ¿Y? Ya sabes la respuesta. Nada. En 26 años, elección tras elección, promesa tras promesa, el resultado ha sido siempre el mismo: nada.

A menos de veinte días de las elecciones empieza el festival de las promesas. Los debates, los titulares, los discursos. Uno promete cadena perpetua, otro promete cárceles nuevas en 90 días, otro promete acabar con la corrupción en el primer año, y el de más allá promete mano dura, orden y crecimiento. Todos prometen. Y todos saben, en el fondo, que nadie les está creyendo. Porque el problema no es la promesa, el problema es que no existe ninguna garantía para que se cumpla.

Piénsalo así. Si compras algo en una tienda y llega defectuoso, vas con tu boleta, lo devuelves y te dan uno nuevo o te regresan la plata. Hay una garantía. Hay una consecuencia si el producto falla. ¿Y con los políticos? No hay boleta ni ticket de cambio. No hay devolución. Prometen, ganan, no cumplen y vuelven a postular cinco años después prometiendo exactamente lo mismo.

Cualquier peruano que no cumple en su trabajo lo botan. El gasfitero que no arregla el caño, el contador que no entrega los números, y el chofer que no llega a tiempo. Todos tienen consecuencias. Todos, menos el político.

El candidato postula a un trabajo. El trabajo más importante del país. Y si no cumple, no le pasa nada.  Eso tiene que cambiar. Y ese cambio no va a venir del paquete de la izquierda comunista caviar de siempre, que lleva 26 años prometiendo lo mismo con distintas caras. No va a venir de quien promete mano dura con el 10% de aprobación y cree que nadie nota la contradicción. No va a venir de quien cada cuatro años recicla el mismo discurso con distinto logo de partido.

El cambio va a venir de una nueva forma de hacer política. Una en la que cada promesa de campaña tenga una consecuencia real si no se cumple. En la que el candidato llegue al cargo sabiendo que su trabajo se mide por resultados, no por intenciones. En la que el ciudadano deje de ser el receptor pasivo de promesas y se convierta en el jefe que exige cuentas.

Eso es el cambio de ciclo. Es la exigencia de un Perú que ya no tiene más paciencia para seguir escuchando las promesas de los mismos. El 12 de abril no elijas las promesas más bonita, elige a quien te dé garantías reales de que va a cumplir. Elige a quien entiende que el cargo público es un trabajo, no un premio, porque 26 años son suficientes. Ya es hora de cobrarles la cuenta.

Comparte este noticia:

Noticias Relacionadas